Echadas a suerte.

   En la gran despedida que hace el sol para dar paso a las estrelladas noches de verano. Paseaba en compañía de algo que parecía que estuviese a punto de nacer en el parque. Entre bromas y juegos oscureció. Preferí quedarme sentada saboreando aquel instante antes de volver a casa, la cena, preparar las cosas para mañana… Antes de volver a la rutina, quise exprimir las sensaciones que chisporroteaban dentro de mi ser. Como si fuese una droga, un chute de felicidad. Que quería disfrutar en soledad. Creo que siempre habría que hacerlo por que estos instantes suelen durar tan poco… Como así me sucedió a mí.
   A  pesar de la hora paseaban gran número de gente por allí sobre todo jovencitas, con sus trajes de colegiales y algunas almas ya mayores, supongo que retrasando la hora de encerrarse en sus casas vacías. Evitando sin darse cuenta a la tan temida soledad. Viendo el pasar de la gente, como si fuese el baile de una gran caja de música. Al son de la melodía de los grillos, me dormí.
   Cuando abrí los ojos, sofocada y con un leve dolor de cabeza, me vi rodeada de toda esa gente haciendo aspavientos de desesperación. Al principio creí que el sueño no me había abandonado. Pero luego entre la sorpresa y la desesperación, no pude por menos, que pertenecer a un cuadro tan dantesco.En una habitación donde apenas cabíamos, en penumbra todos a la vez en una perfecta desincronización buscamos la salida de aquel… Horror. Después de largo rato de descontrol conseguí hacerme una idea de donde nos hallábamos : Una habitación de unos nueve metros cuadrados por dos de alto, con una pequeña ventana y un gran portón. Todo de chapa, incluido la pared. Éramos doce colegialas, tres señoras de mediana edad, dos ancianos y yo. No sé cuanto tiempo había pasado, pero ya muchos cansados de la desesperación yacían en el suelo como ausentes. Unas muchachas se abrazaban llorando. El resto no dejaba de mirar por la ventana preguntándose en voz alta:
   -¿Donde estoy?.
   -Pero, ¿ Porque nos han traído aquí?.
    -Yo me quedé dormida justo antes de aparecer aquí.-Musité yo. A lo que la mayoría asentía con la cabeza.
   -Hija, todos despertamos aquí, por lo visto nos drogaron… ¡El agua de la fuente!.
   Todos sorprendidos, afirmamos a la vez. Una de las niñas en un ataque de histerismo se separó de las demás, empezando a golpear la puerta. Gritando a toda voz:
   -¿Qué queréis de nosotras?. ¡Dejadnos marchar! .-Pronto sus compañeras fueron a separarla de la puerta temiendo por su vida y por la de ellas. Un folio entró por debajo de la puerta donde se podía leer:
   -Busco en el resurgir de la belleza.
   De un golpe se abrió la puerta metálica como se abren las entrañas de una madre y todos salimos rápidamente como pardillos asustados, sin saber ciertamente si lo que nos esperaba fuera sería aún peor. Dimos con un amplio pasillo, rodeado de muros blancos encalados, seguimos su senda que nos llevó a un recoveco a la izquierda. Una enorme roca de pizarra que sobresalía por encima de nosotros acabó por ser una guarida. Podíamos ver el cielo iluminado por una tenue luz del día, pero la roca nos cobijaba en su sombra. Después de largo rato gritando sin escuchar respuesta, nos decidimos a descifrar aquel mensaje o lo que fuese. Lo leímos largo rato. Tan repetidas veces que parecía un cuento sin fin. Agobiada de sentirme atrapada en ese pensamiento, en aquel pasillo, en aquella situación…  Empecé a hacerme estiramientos y repetir la frase. Luego pensamientos absurdos que golpeaban mi mente, esperando que fuesen la llave del cofre del secreto.
   - Busquemos la belleza de la roca.
   Las niñas pronto se pusieron frente a mí imitándome. Frente a ellas pasaron el resto de los presentes. Los dos ancianos y las señoras. Apenas podían moverse, se apartaron a un lado meditabundos, decrépitos . Contrastaban la imagen añeja de estos y la frescura de las niñas.
   - ¡La belleza!.-Grité. Todos me miraron atónitos. Y de pronto la noche otra vez.
   Cuando volví a despertar todos volvíamos a estar encerrados de nuevo en aquel cuartucho. Esta vez fui yo la que me acerqué al portón gritando.
   -Pero, ¿ Qué queréis de nosotros?.
   La idea de un secuestro ya se nos había pasado a todos por la cabeza pero aquello era más extraño, siniestro. Volvieron a pasar una hoja por debajo de la puerta. Me la dieron pero no fui capaz de leerla. Eran letras puestas aleatoriamente algunas al revés. Pasamos la hoja de unas manos a otras, negando con la cabeza. La girábamos, la poníamos al revés, pero nada. Me sentía impotente de no poder salir de allí, de no poder ayudar a nadie ni tan siquiera a mí. De pronto se volvió a abrir el portón. Salimos todos al mismo pasillo. Uno de sus lados, el derecho concretamente estaba abierto. Las niñas corrieron hacia el mientras las perdía de vista. Volví a entrar al cuarto a coger el papel que esta vez se encontraba encima de un circulo de aluminio con una luz ámbar como un faro de coche.-La sabiduría es algo que se obtiene con ella, vendrá.-Salí al final del pasillo y vi a lo lejos todas las niñas con lámparas como la mía en grupo chillando y daban la vuelta a la falda de una montaña a 50 metros de mí. Pero a oscuras, no volvieron sobre sus pasos si no que corrían en línea recta hacia la izquierda formando una algarabía de gritos, volviendo a difuminarse sus siluetas. Mientras la especie de linterna empezó a encenderse y apagarse. Apareciendo y desapareciendo la cara de alguien desconocido. En mi mente albergaba la pregunta:
   -¿Quién?.
   Y pronto hallé la respuesta. El suelo se abrió bajo mis pies. Junto a las tres señoras y los dos ancianos caí en un túnel de red. Volviendo a la libertad.
   El periódico habló del “asesino del zodiaco” porque todas las niñas fueron sacrificadas y eran de distinto signo. Sólo sé que alguien jugó con nuestras vidas como el niño que juega a policías y ladrones. Yo formé parte de su juego sin más importancia para él que un cromo, un balón … Que poco puede valer para alguien la vida humana. Una vida como la mía. Como la tuya.        
f echadas a suerte
www.athalialalia.blogspot.com

Clara R. Sierra

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